Para las empresas, es una reducción de costos operativos y una mayor flexibilidad en la gestión del personal. Para los colaboradores, implica ahorro de tiempo y dinero en el traslado y un mejor equilibrio entre la vida laboral y personal.

Existen menores gastos en infraestructura, rentas, servicios como electricidad, agua e internet, y suministros de oficina.
Estudios han mostrado que los empleados pueden ser más productivos cuando trabajan desde casa debido a que hay menos distracciones.
Ofrecer flexibilidad en las modalidades de trabajo es un gran atractivo para los trabajadores potenciales y puede aumentar la lealtad del equipo actual.
Los empleados que teletrabajan tienden a tener menos días de ausencia, dado que pueden mantenerse activos al trabajar desde la comodidad de su hogar.
Debido a que se utilizan en mayor grado las herramientas digitales, comunicar la información toma un poco más de tiempo y pueden presentarse inconvenientes como malentendidos.
Una de las tareas que se complica es monitorear al personal. Lo ideal es brindar mayor confianza a los colaboradores y evaluar su trabajo de acuerdo con resultados.
Si no se implementan las medidas de seguridad adecuadas, puede existir el riesgo de fugas de información o ciberataques.
Debido a la falta de interacción cara a cara, se suele carecer de la espontaneidad que se da en una oficina lo que dificulta el intercambio inmediato de ideas.

Permite a los trabajadores manejar mejor su tiempo y equilibrar sus responsabilidades laborales y personales, incrementando su bienestar y satisfacción.
Se elimina o reduce el tiempo y dinero invertido en los desplazamientos diarios al lugar de trabajo, lo que repercute en la economía y equilibrio de vida del colaborador.
Debido a que en casa no hay las distracciones típicas de una oficina, la concentración mejora, lo que aumenta la productividad. Además, el trabajador se vuelve más autónomo al no contar con una supervisión física.
Trabajar desde casa es beneficioso para personas con discapacidades, padres o individuos que presentan desafíos adicionales para asistir físicamente a una oficina.
Trabajar desde casa implica convivir menos con los compañeros de trabajo, lo que puede ocasionar aislamiento y en algunos casos, problemas psicosociales.
La dificultad para separar el trabajo de la vida personal puede llevar a jornadas laborales prolongadas y a un estado constante de «estar conectados», lo que puede resultar en burnout.
No todos los empleados disponen de un espacio de trabajo ergonómico adecuado en casa, lo cual puede causar problemas físicos que afectan indirectamente la salud.
Cuando los colaboradores no tienen interacción directa con sus supervisores y colegas, pueden sentir que no reciben suficiente apoyo o valoración por su trabajo.

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